Oigan a ese niño

A mí el que me gusta es el caballo para pintar la

velocidad con tal que nos dure

el juego hasta que sea

grande y tenga harta pero harta

libertad como para ir por ejemplo

a París y estar aquí

a la vez sin

necesidad de plata, por ir,

sólo por ir y preguntar si vivo

ahí o

aquí no más estoy viviendo.

Cuando tenga cuatro me largo.

Gonzalo Rojas